Nueva 331, 16/11/1997

Indios antropófagos

PALO Y A LA OLLA

Guerreros feroces, los karive se mandaban al buche a todos sus vecinos. No eran los únicos que comían carne humana, pero por su fama temible quedó de ellos el término "caníbal".

Por Parisina Malatesta y Amanda Paltrinieri

Cuenta la leyenda que Piaim’mâ y su mujer devoraban todo lo que tenían a su alcance: arcos, flechas, leños ardientes y hasta a sus propios enemigos. En los ríos solían formar remolinos con sus bocas y al aspirar tragaban las canoas con sus ocupantes incluidos.

Para los karive, Piai’mâ era la personificación de la noche, ese gran agujero negro que engulle al sol. La pareja tenía en su casa un hueco profundo en el que dejaban caer a las víctimas con que se darían un banquete.

Con hábitos similares a los de Piai’mâ, los karive le arruinaron a Cristóbal Colón su sueño de haber encontrado el Paraíso Terrenal. La recepción amistosa que había tenido de los taínos lo había convencido de que se hallaba en el Edén, pero al poco tiempo se encontró con evidencias de pueblos que comían carne humana. Los propios taínos (un pueblos de origen arawako, no caribe) eran uno de los platos predilectos de los karive.

Los vikingos de América

Aunque dominaron gran parte del litoral centroamericano, los karive o caribes (un grupo de pueblos: kari’ñâs, mapoyos, panares, pemonen, ye’kuanas, yucpas) no construyeron grandes ciudades ni monumentos. Dejaron, en cambio, su nombre para el mar que va desde las Antillas hasta las costas de Venezuela y el Yucatán. Y su hábito antropofágico dio origen al término "canibalismo" (por deformación de palabras, pues los taínos los llamaban "canibas").

Los caribes no eran originarios de esa región. Provenían de la Amazonia, desde donde se pusieron en marcha desplazando a los pueblos arawakos. De la costa venezolana pasaron a las Antillas menores y ya comenzaban su expansión hacia las mayores cuando llegaron los españoles.

Eran guerreros temibles y, sobre todo, marinos eximios (el escritor venezolano Arturo Uslar Pietri los llamaba "vikingos de América"). Para navegar usaban curiaras -embarcaciones hechas con un solo tronco- en las que se lanzaban a travesías prolongadas.

Esos viajes tenían el doble propósito de ganar territorio y conseguir "alimento": algunos pueblos vecinos, especialmente arawakos, fueron exterminados en varias islas.

Durante sus expediciones caían por sorpresa sobre sus vecinos y arreaban a todo el mundo. Usaban a las mujeres como esclavas y concubinas, pero a los hombres los castraban de inmediato (se supone que para engordarlos) y cuando llegaban al punto justo los mandaban al asador. El mismo destino corrían los hijos que tenían con sus prisioneras. Miguel de Cúneo (Nueva 236) contó en el relato de su viaje con Colón que en la isla Santa María de Guadalupe encontraron dieciséis jóvenes castrados.

¿Por qué eran antropófagos? Para algunos antropólogos, por cuestiones de dieta: eran cazadores-recolectores que vivían en una región donde las proteínas animales escaseaban. Otros, en cambio, consideran que no carecían de alimentos, pues a falta de ganado podían vivir de la pesca y estiman que, para ellos, el hábito de devorar carne humana era una manera simbólica de adquirir el poder del enemigo.

¿Cómo los comían? Con un sistema proveniente del Amazonas que consistía en colocar sobre el fuego una parrilla hecha con largas ramas de barbasco. Éstas sostenían una base sobre la que se colocaba lo que se quería asar o ahumar. De este método provienen dos palabras: barbacoa y bucanero (que viene de boucan, ahumar). Al sur del Orinoco, todavía se hacen barbacoas comunitarias entre los pemones (el grupo más pacífico de los caribes), cuando cazan un tapir y lo ponen a ahumar para poder conservar su carne.

Aunque fueron los primeros con los que toparon los españoles, los caribes no era los únicos antropófagos de América: los tupinambas de Brasil y los chorotegas de Nicaragua organizaban sus propias cacerías humanas; algunos guaraníes y tribus de la selva chaqueña lo hacían por venganza, y mayas y aztecas por razones religiosas.

La gran excusa

El canibalismo horrorizó a los españoles. Por esas prácticas (y la consiguiente agresividad hacia los extranjeros) Isabel la Católica autorizó en 1503 su persecución.

La normativa fue la señal de largada para los esclavistas: al poco tiempo cualquier indígena era considerado caníbal y, por lo tanto, asesinado o esclavizado. Así diezmaron poblaciones enteras.

Sin embargo los karive (retirados hacia las selvas de Venezuela y de las islas) no se sometieron fácilmente: en las Antillas menores los invasores tardaron más de un siglo en poder establecer una colonia permanente. La mano cambió a medida que la región fue sucesivamente ocupada por ingleses, franceses y holandeses y se convirtió en paraíso de filibusteros. Aun así, en varias islas -especialmente San Vicente- los aborígenes resistieron hasta fines del siglo dieciocho.

Poco tiempo después, el naturalista Alexander von Humboldt (Nueva 268) escribió: "... los caribes, de porte presuntuoso, actitud comedida, fría y despectiva, pintados de onoto (un colorante naranja)... por su fuerza física y su inteligencia se distinguen de todos los demás indios. Este gallardo pueblo habita hoy sólo una pequeña parte de los territorios que ocupaba antes del descubrimiento de América. Las atrocidades de los europeos lo exterminaron por completo..."

© 1997

Volver