Satélite SAC-C

EN LA CUENTA REGRESIVA

 

INVAP, la misma empresa que vendió a Australia un reactor nuclear, construyó el tercer satélite de aplicaciones científicas que la Argentina pondrá en el espacio el próximo 16 de noviembre.

Por Amanda Paltrinieri

El chalé sobre una pendiente en Villa Golf, es digno de una postal: techos a dos aguas, pinos y coihues a su alrededor, vista al Nahuel Huapi… Nadie pensaría que en ese predio la principal actividad consiste en construir satélites que serán lanzados por la NASA.

Ocurre que allí, en ese sitio paradisíaco, funciona una de las sedes de Investigaciones Aplicadas Sociedad del Estado (INVAP), la empresa mixta que hace unos meses –en plena crisis del Conicet (ver Nueva 475)– vendió un reactor nuclear al gobierno australiano.

No hay carteles que indiquen que "algo pasa". Tampoco se ve desde el camino el edificio de hormigón donde un grupo de científicos y técnicos desarrolló el Satélite de Aplicaciones Científicas-C (más conocido como SAC-C), que el 16 de noviembre entrará en órbita como resultado de un convenio entre seis países. Pero trasponer esas paredes es entrar en otro mundo: angostos pasillos cuyos techos son recorridos por cañerías de diversos colores, ventanas de doble vidrio que separan un ambiente de otro, hombres y mujeres de guardapolvo blanco, guantes de látex y barbijo que trabajan en un ambiente de asepsia que envidiaría cualquier cirujano.

Y no es broma: si un quirófano esterilizado contiene un promedio de quinientas mil partículas de polvo por pie cúbico, la sala donde se armó el satélite no supera las diez mil partículas por pie cúbico y el sitio donde se fabricaron algunos componentes especiales tenía cien veces menos polvo.

En ese ambiente de película de ciencia ficción, la gente del INVAP pone a punto uno de los cuatro aparatos similares al SAC-C, que ya está en los Estados Unidos.

Átomos y estrellas

"INVAP se creó en los años ’70 para dar respuesta a la necesidad de contar con un plan nuclear propio del país –explica Hugo Albani, subgerente general–. Y debido a sus éxitos en el desarrollo de la energía nuclear, la Comisión Argentina de Actividades Espaciales (CONAE) la eligió a principios de los ’90 para llevar adelante el Plan Espacial Argentino."

Entre esos logros figuran la obtención de uranio enriquecido en la planta de Pilcaniyeu, el tratamiento de residuos industriales peligrosos en Zárate, varios desarrollos en robótica y la construcción de reactores orientados a la medicina nuclear para Argelia y Egipto (más el que acaban de venderle a Australia).

Desde hace unos años, la aparente tranquilidad de Villa Golf se ve periódicamente alterada por la visita de técnicos y astronautas estadounidenses, que calificaron al INVAP como empresa apta para los desarrollos. En Bariloche recuerdan cuando Daniel Goldin, administrador de la NASA, se asombró al comprobar en cuán poco tiempo una empresa dedicada a la energía nuclear pudo orientarse hacia la actividad espacial, la rapidez con que construyeron el SAC-B y cómo manejaron los costos de sus proyectos.

"Para nosotros sería muy fácil ir a trabajar a la NASA –se plantea Carlos Tissot, uno de los ingenieros electrónicos que trabaja en el SAC-C–. A veces pienso que allí tendría todas las comodidades y recursos a mi disposición, y un sueldo que garantizaría un futuro mejor para mis hijos. Pero, no sé, serán el paisaje, los amigos o el miedo al desarraigo... la cuestión es que me quedo en el país."

Chiquito, pero rendidor

Como parte del trabajo conjunto con la CONAE ya fueron lanzados los satélites SAC-A y SAC-B. Ahora será el turno del SAC-C, un proyecto de 70 millones de dólares en el que participan también los Estados Unidos, Italia, Francia, Dinamarca y Brasil.

La Argentina se hace cargo de la mitad de su costo. "Es una inversión productiva", indica el doctor Raúl Colomb, uno de los directores de la CONAE. El SAC-C no llega a pesar media tonelada y su diámetro y altura apenas sobrepasan el metro y medio. Chiquito como es, fotografiará desde el espacio la superficie de la Tierra para estudiar a fondo las grandes extensiones (llanuras, zonas costeras, bosques), los procesos de desertificación de la Patagonia, los suelos en las áreas productivas, las zonas inundables, la situación en las áreas de pesca. Ya se firmaron convenios con universidades, centros de investigación y empresas particulares para hacer un uso intensivo de toda la información enviada y aplicarla al mejoramiento de la agricultura y la forestación y la prevención de desastres naturales. También tiene un receptor de señales por si se realizara el proyecto de colocar sensores en las ballenas para estudiar sus rutas migratoria.

La NASA, a su vez, experimentará un localizador satelital y hará una lectura de la capa magnética de la Tierra. A Francia le interesa conocer los efectos de la radiación cósmica e Italia probará computadoras para control de la navegación y temas astronómicos.

El SAC-C y sus hermanos

En estos días, la gente de Villa Golf está trabajando a pleno construyendo computadoras, baterías, ópticas: el satélite tiene cuatro hermanos "mulettos" que servirán a los técnicos para analizar en tierra el comportamiento que tendrá en el espacio. Así esperan poder prevenir cualquier problema y corregir posibles errores.

Además de sus gemelos para pruebas, el SAC-C tiene otro tipo de hermanos, pues es el primero de una constelación de satélites (que integrarán además los estadounidenses Terra, Landsat 7 y EO1).

Cuando estén todos en el espacio, las bases terrenas recibirán información sobre un mismo punto geográfico cada treinta minutos. El SAC-C en sí tardará una hora y media en completar su órbita alrededor de la Tierra y mandará datos en franjas de barrido de unos 360 kilómetros de ancho. Según los cálculos, se espera que tenga una vida útil de cuatro años.

Tiempo de descuento

El satélite fue chequeado en Brasil y ya descansa en la base californiana de Vandenberg. Allí, el 16 de noviembre, la NASA lo enviará al espacio junto con el EO1, con la ayuda de un lanzador Boeing Delta II. Ubicarlo a una altura de 702 kilómetros llevará sólo unos 15 minutos. Desde ese momento, la base terrena de Falda del Carmen (Córdoba) tomará el comando y recibirá toda la información durante su paso por nuestro país. Otras dos estaciones –una en Alaska y otra en la Antártida– también estarán atentas a sus movimientos.

Todas las imágenes que envíe el SAC-C se pondrán a disposición del público en la página web que tiene la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (www. conae.gov.ar).

Más allá del control del satélite mientras trabaje, para los investigadores argentinos empezará otra historia: la de los SAOCOM 1 y 2, que formarán parte de la constelación SIASGE (Sistema Ítalo-Argentino para Gestión de Emergencias) y el SAC-D, próximo integrante de la familia de Aplicaciones Científicas que orbitaría hacia 2002. Al INVAP le esperan por lo menos seis años de trabajo fuerte.

Entretanto, la discusión acerca del porvenir de las investigaciones en nuestro país no se ha terminado. El lanzamiento del SAC-C, con todas las perspectivas de trabajo que promete, es una pequeña alegría en tiempos de gran tristeza para los científicos argentinos.

 

Recuadros

Minificha

Fecha de lanzamiento 16 de noviembre

Altitud 702 kilómetros

Peso 486 kg

Órbita cuasipolar

Tiempo de permanencia 4 años

Período de revisita cada 9 días, con posibles cambios a 7 y 2 días

Ancho de barrido 360 km

Cruce del ecuador 10.21 AM (+/- 6 minutos)

Período orbital 99 minutos

De la "A" a la "C"

La historia de los SAC tiene su costado agridulce: el primer satélite, SAC-A, en su momento sólo había quedado en los papeles. La primera nave argentina en salir al espacio fue su sucesor, el SAC-B, que debía dedicarse a temas de astrofísica y física solar. Pero la nave que debía colocarlo en órbita falló al soltarlo y el satélite quedó mal orientado, sin posibilidad de recargar sus paneles con energía solar. Aun así, llegó a enviar algunas señales a la Tierra.

En compensación por el fallo, la NASA concedió a la Argentina un lugar en el siguiente lanzamiento. Sólo había un problema: los técnicos argentinos tenían apenas seis meses para construir otro aparato. Urgidos, desempolvaron los planos del SAC-A y consiguieron llegar a tiempo. La experiencia superó todas las expectativas: no sólo envió información valiosa, sino que transmitió datos durante ocho meses cuando las previsiones eran de tres.

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