Nueva 376, 27/9/1998

Jane Austen

SENSATEZ Y SENTIMIENTOS

Eso de "pinta tu aldea y serás universal" se confirma plenamente en la escritora inglesa, varias de cuyas novelas fueron llevadas al cine. Su sensibilidad para retratar a la gente y su gracia para reflejarla hasta en los mínimos detalles la convirtieron en un clásico que resiste el paso del tiempo.

Por Amanda Paltrinieri

Desde hace un par de años, la industria cinematográfica fue atacada por una especie de fiebre hacia los llamados "autores clásicos", que todavía se manifiesta de tanto en tanto con alguna película "de época", como la reciente Los miserables.

Textos de Henry James, las hermanas Brontë (Nueva 338) y varios otros escritores sirvieron para nuevas versiones y remakes de antiguos éxitos. Al margen de que estos escritores tienen la ventaja de que no cobran derechos de autor, lo que permite que los usen una y otra vez, su virtud principal es la calidad de sus obras.

De todos ellos quien se lleva las palmas es la inglesa Jane Austen (1775-1817), de quien filmaron Orgullo y prejuicio, Emma, Persuasión y Sensatez y sentimientos. Más aún: aunque Emma no fue precisamente un éxito de taquilla, la novela soportó perfectamente una adaptación a la actualidad (Ni idea, una simpática comedia interpretada por Alicia de Silverstone).

Es cierto que este furor cinematográfico no se trasladó al campo editorial: aunque esas obras tienen siempre buenas ventas, las librerías no registraron una demanda masiva a partir de las películas. Pero esos escritores poseen "algo" que los hacen eternos.

La vida de la Austen transcurrió plácidamente en el hogar paterno, sin las tragedias que signaron -por ejemplo- a las hermanas Brontë. Sin embargo no tuvo el "final feliz" que ella concedió a sus heroínas, en el sentido de que nunca se casó (aunque era muy consciente de que en su época sólo el matrimonio podía salvar a las mujeres de la pobreza): ella prefirió la soltería antes que casarse sin amor. Pero pudo vivir rodeada de afecto, particularmente el de su hermana Cassandra y el de sus sobrinos.

El secreto de su éxito radica en su capacidad para reflejar la sociedad de su tiempo y una gracia e ironía infinitas para describir las minucias cotidianas del mundo que la rodeaba, el de la burguesía y la nobleza rural de Inglaterra, a cuyos personajes retrató con sus grandezas y mezquindades.

Además de las que fueron llevadas al cine, Austen escribió otras tres novelas (Mansfield Park, La abadía de Northanger y Persuasión) y numerosas cartas, muchas de las cuales fueron recopiladas y editadas recientemente con el título de Mi querida Cassandra.

La vida tranquila

En sus obras y en sus cartas se refleja la importancia que la familia tuvo para la escritora: el afecto de las protagonistas de Sensatez y sentimientos bien puede ser el de ella y Cassandra; el amor y el respeto de Emma hacia su padre, el de Jane hacia el reverendo George Austen.

Éste y su esposa, Cassandra Leigh, formaron un familión: Jane era la séptima de ocho hermanos (uno de ellos Edward, fue adoptado por un pariente rico que lo hizo su heredero; otro fue banquero y los dos menores llegaron a ser almirantes).

Hasta 1801 vivieron en Steventon, en la región de Hampshire. Tenían el ritmo de una familia campestre acomodada: sesiones de lectura y de costura, tertulias y visitas a los vecinos, fiestas estacionales y bailes.

A los veinte años Jane coqueteó con algún que otro conocido, pero ni sus enamorados escaparon a la ironía que la caracterizaba: "... sólo tiene un defecto

-escribió a Cassandra sobre uno de ellos, Tom Lefroy-: lleva una chaqueta demasiado clara. Es gran admirador de Tom Jones, y supongo que por eso usa la ropa del color que llevaba él cuando lo hirieron..."

Aunque la vida rural era tranquila ("Hemos tenido muchas alegrías desde que escribiste por última vez; cena en Nackington, regreso a la luz de la luna, y todo con bastante estilo, por no mencionar el funeral del señor C... que vimos pasar el domingo..."), los Austen pasaron momentos dolorosos, como cuando -en 1797- el novio de Cassandra murió enfermo en el Caribe. Tres años antes el conde de Feuillide, casado con una prima de Jane -Eliza- había sido guillotinado en Francia (Eliza se casó después con Henry, el hermano favorito de Jane).

Para esa época ya era consciente de su capacidad como escritora y ya había escrito los primeros originales de Sensatez y sentimiento y de Orgullo y prejuicio.

Tristezas y alegrías

En 1801 los Austen se mudaron a Bath, la ciudad de moda por excelencia adonde iban a descansar los adinerados del país. Por entonces Jane trabajaba en La abadía de Northanger (que fue publicada después de su muerte).

No fueron los mejores años para ella, y probablemente en ese tiempo eligió su soltería: por un lado, había iniciado una relación que se truncó por la muerte de su enamorado; por otro, poco tiempo después recibió una propuesta matrimonial que aceptó... aunque se arrepintió al día siguiente. El candidato estaba en buena posición y ella habría podido asegurar su futuro, pero (algo fuera de lo común en aquella época) se negaba a la idea de casarse por interés.

También recibió otro duro golpe: la muerte de su padre, en 1805, dejó a Jane y a su madre en una condición de estrechez (muy bien reflejada en Sensatez y sentimientos), pero la ayuda de sus hermanos las alivió mucho.

Dos años después se instalaron en Southampton y en 1809 se mudaron a Chawton Cottage, propiedad de uno de los hermanos, nuevamente en Hampshire. Jane experimentaba sus primeros desengaños profesionales: había entregado el manuscrito de La abadía... a un editor que no la publicó ni quiso devolvérselo.

Aunque la vida social era más limitada, pues las Austen no podían darse el lujo de mantener un carruaje, para Jane comenzaron los años más creativos. Además, comenzó a viajar a Londres para negociar con los editores (ayudada por su hermano Henry) y corregir pruebas.

En 1811 se publicó Sensatez y sentimientos; en 1813 Orgullo y prejuicio; en 1814 Mansfield Park y en 1816 Emma (Persuasión y La abadía de Northanger fueron editadas después de su muerte). Todo, siempre, matizado con pequeños viajes para visitar al batallón de hermanos y sobrinos y con su abundante correspondencia.

Más allá de los avatares económicos, Jane comenzaba a disfrutar de unos módicos ingresos gracias a sus novelas, y en esos años de plenitud estaba contenta con su vida. "Ya que debo dejar de ser joven -escribió en 1813- encuentro muchos deleites en ser una especie de señora de compañía, pues me ponen en el sofá cerca del fuego y puedo beber todo el vino que quiera."

Había llegado a la edad en la que la mayoría de sus congéneres comenzaba a pensar en casar a sus hijas, y por la situación en que quedaron las Austen a la muerte del padre, Jane hubiera debido comenzar su declinación ("... sólo la pobreza hace despreciable la soltería a un público generoso -hizo decir a la protagonista de Emma-. Una mujer sola, con una renta muy estrecha, debe de ser una solterona ridícula, desagradable; la burla apropiada de niños y niñas. Pero una mujer sola con buena fortuna siempre es respetable y puede ser tan sensata y agradable como cualquier otra." ).

Sin embargo pudo forjarse un destino propio. Había publicado sus primeros libros sin firma para permanecer en el anonimato, pero su nombre comenzaba a circular. Incluso llegó a entrevistarse con el príncipe regente -después Jorge IV de Inglaterra (Nueva 102)- quien había leído sus novelas y quería conocerla.

Tenía una legión de admiradores. Algunos años después de la muerte de Jane, Walter Scott, considerado el principal poeta y escritor escocés, escribió de ella: "Esta joven dama tenía gran talento para describir las implicaciones, sentimientos y personajes de la vida ordinaria, y para mí es lo más maravilloso que he visto. La tensión del tono de gran cháchara puedo conseguirla yo como cualquiera, pero este alarde de exquisitez que hace interesantes las cosas y los personajes comunes gracias a la adecuación de la descripción y el sentimiento me es negado."

De todos modos, Jane no iba a disfrutar demasiado de su éxito. En 1816 recibió dos grandes golpes: su hermano Henry entró en bancarrota y ella misma enfermó. Continuó escribiendo, pero casi no podía salir a caminar. Consciente de su condición, pudo recibir los sacramentos de sus dos hermanos clérigos y redactó su testamento. "Si vivo hasta la vejez -escribió durante sus últimos meses- llegaré a desear haber muerto ahora, con la bendición de la ternura de una familia así y antes de tener que sobrevivirlos a ellos o a sus aflicciones...".

Podría decirse que fue afortunada, pues su deseo se cumplió: murió en julio de 1817, en brazos de Cassandra. Tenía sólo cuarenta y un años, pero vivió como quiso: esa existencia tranquila, sencilla y plena de cariño que contó en sus novelas.

© 1998

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