Nueva 409, 16/5/1999

La guerra en los Balcanes

VIVIR BAJO FUEGO

Millones de personas se encontraron de pronto en medio del infierno. Cómo viven y cómo hacen para salir adelante.

Por Amanda Paltrinieri

Sabile Shala, kosovar albanesa, pudo llegar a Kukes, la ciudad fronteriza a la que arriban la mayoría de los refugiados. Ahora quieren reubicarla en otros campamento, pero se niega: tiene 91 años, es ciega y no puede encontrar a ninguno de sus diez hijos ni a sus nietos. Su única esperanza es permanecer allí hasta que aparezcan, si es que alguno de ellos sigue vivo.

Un día de abril tuvo que abandonar su hogar en la ciudad de Mitrovica sin poder llevarse nada. Cuando el viejo automóvil en que viajaba quedó inutilizado, caminó durante todo un día. Finalmente, los dos hijos que la acompañaban lograron subirla arriba de un tractor con la promesa de que se reunirían más tarde. No volvió a saber más de ellos, como tampoco a los otros dos hijos varones ni a las seis mujeres (dos habían logrado huir antes y cuatro se fueron casi al mismo tiempo que ella).

En Kukes no encontró a ninguna de las cien personas que integran su núcleo familiar. Sí halló, en cambio, la solidaridad de otro kosovar, Fehti Poniku, un hombre de 38 años que la encontró sola y mojada por la lluvia en un campo lleno de fango. Él la llevó a un edificio semirruinoso donde se apiñan decenas de refugiados.

El nuevo miedo tiene, paradójicamente, la forma de ayuda: día tras día, las autoridades albanesas se llevan a la gente hacia otros sitios previendo la llegada de nuevas personas a Kukes. "¿Cómo voy a vivir –se lamenta la anciana– No puedo cuidarme a mí misma y necesito medicinas para mi diabetes. Si me voy de aquí nadie va a encontrarme nunca."

Sabile pasas sus días dormitando. Si no, presta atención a cada extraño que llega. "Está cansada, enferma, triste –se preocupa Poniku– y llora por las noches. Si queda alguien de su familia, podrían encontrarla aquí. Además, no sé si sobreviviría a un viaje de quince horas."Por momentos, a Sabile eso no parece afectarle: "Por favor, encuéntrenme un médico que me dé algunas píldoras para terminar con todo", llegó a pedir.

En Tirana, la capital albanesa, se repiten escenas similares. "El ejército nos llevó a la fuerza –se queja Hamite Masrhqu–. Nosotros queríamos quedarnos por si llegan más familiares, pero los soldados nos dijeron que no, porque llegarán tropas de la OTAN." Hamite tiene 39 años y ocho hijos, cinco de los cuales están con ella. De los otros no sabe nada. Tampoco se anima a imaginar: "Cuando los serbios vinieron a Malisheva (su pueblo) vi cómo agarraron a un bebé de cinco o seis meses y cómo lo tiraron en el barro y lo aplastaron con los pies".

En Kukes, en Tirana y en cada ciudad donde hay centros de refugiados pueden verse cientos de papeles escritos a mano por gente que quiere saber algo sobre sus seres queridos.

A fuerza de ser tantos casos, se pierden las dimensiones del espanto. Como el de Adelina Regjepi, a quien le llevó casi un mes cruzar las montañas a pie y encontrarse con su tía en Albania, sólo para enterarse de que a su padre y a su tío los asesinaron en Kosovo. O Zenepe Ismaili, una joven de 24 años embarazada de siete meses que vio cómo fusilaban a su marido antes de que la expulsaran y no tiene noticias de sus padres. "Los serbios empezaron a masacrar –reconoce– después de los primeros bombardeos."

Vivir en Belgrado

Lejos de allí, en Belgrado, la capital yugoslava, viven millares "del otro bando". Allí no se cuentan historias de horror, pero tampoco escapan de la angustia. Silvia Monros de Stokakovic es una argentina que reside allí desde hace varios años. Profesora de literatura, da su versión desde un mail que circula por internet. "Ya no podemos conciliar el sueño entre sirenas y detonaciones –cuenta–. Si mi hija está fuera de casa, se me acalambra el estómago aunque no quiera pensando que sería mejor que estuviera aquí cuando suena la sirena. Pero cuando está acá, me quedo sin aliento pensando que quizás hubiera sido más prudente que no estuviera con nosotros en un tercer piso."

Silvia vio la película La vida es bella, de Roberto Begnigni: "Un amigo de mi hija –escribe–, que vive en la zona más afectada de la ciudad, le dice a su hijito: ‘No, tesoro, no son misiles. Son fuegos artificiales’."

"¿Por qué Milosevic es tan Malo? –se pregunta– Todos los serbios son así, ¿no? Milosevic se ha enriquecido y ha enriquecido a toda su familia. Pero si esto no fuera suficiente, al prójimo concreto se lo hace retroceder a la caverna: a mí, a los nuestros, a los inocentes, a los conscientes se nos apaga la luz, la calefacción, el combustible, los remedios. Acaso se considera que cuando salgamos del túnel como zombies estaremos más capacitados para los nobles ideales de la Humanidad. Admito que no he podido ensanchar mis horizontes mientras me pasaba medio día en la tienda para comprar levadura, y en tanto en la otra tienda me quedaba sin harina. Admito que en el intento deamasar el pan de cada día no logré captar el mensaje tendiente a hacerme más generosa y democrática, a oscuras y sin calefacción. Sin suficientes tapados como para calentar a los recién nacidos en las maternidades congeladas y sin tiempo adicional para cubrir por lo menos con cariño a los enfermos en los hospitales, puesto que tenía que pasar horas en tentativas para salvar a mis propios hijos."

¿Sin retorno?

Los refugiados que llegaron a Albania son gente común. Los ciudadanos de Belgrado que viven bajo las bombas son gente común. También los paramilitares serbios y los guerrilleros del Ejército de Liberación de Kosovo fueron alguna vez gente común que llevaban una vida común y eran vecinos.

Es difícil pensar en lo que viene después de la guerra, después de los bombardeos, después de la masacre. No sólo porque serbokosovares y albanokosovares han venido peleando por una región que es propia para cada uno de ellos. Cualquiera que sea el estatus que adquiera Kosovo, el odio permanecerá.

Porque originalmente ni todos los kosovares albaneses estuvieron con el ELK ni todos los serbios apoyaron siempre a Milosevic. Ésa es una de las cosas que reclama Silvia Monros en su mail: "Milosevic no es mejor ni peor que muchos otros colegas suyos de orientación populista y falluteros. Pero cuando hace tres inviernos estuve paseando diariamente en Belgrado, junto con unos seiscientos mil conciudadanos, pronunciándome en contra de la estafa electoral de que fuimos objeto después de habernos quedado sin ahorros y sin trabajo –en buena parte por culpa de su mala política– ningún miembro de la famosa comunidad internacional vino a ayudarnos. Nadie nos prestó ayuda mientras manifestábamos a diez grados bajo cero; nadie nos ayudó a sacarnos de encima a ese señor que tampoco a nosotros acaba de gustarnos".

Monros lanza su propia explicación para tanto disparate: "En tanto Milosevic esté en el poder, el supernegocio bélico puede seguir adelante: en tanto él siga vivito y coleando podrán seguie vendiéndose pistolas herrumbradas, medicamentos rancios y diplomáticos decrépitos… A Milosevic lo promovieron los norteamericanos cuando impusieron sanciones inauditas al pueblo yogoslavo. Así lo convirtieron en protagonista de una película en que sin el malo no hay acción. Y sin acción no hay venta en la taquilla".

Es dudoso que Sabile Shala, Fehti Poniku, Adelina Regjepi, Hamite Masrhqu y Zenepe Ismaili concuerden con ella. Pero todos comparten con Silvia Monros, y con miles de serbios y de albanokosovares, la misma probabilidad: la de que cuando estas líneas estén en la calle ninguno de ellos esté vivo.

Recuadro

Ayuda por internet

La red tiene varios sites dedicados a la ayuda humanitaria para las víctimas de la guerra. Éston son algunos:

www.icrc.org/ Es la página del Comité Internacional de la Cruz Roja, que puede leerse en español, inglés y francés. Además de la ayuda tradicional, ha montado por la red, junto con la Medialuna Roja, un espacio para tratar de ubicar familiares de los refugiados.

www.unhcr.ch/ Es la página del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (UNHCR, por sus siglas en inglés). Está en varios idiomas.

http://fractal.es/kosovo/ Es una página en español de militantes pacifistas. Dan dos números de cuentas solidarias, una en un banco argentino y otra en un banco español.

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