Primeros años de la Monroe

EL FINAL DE NORMA JEAN

En enero apareció un corto pornográfico que la tuvo como protagonista. Un tiempo antes su hermana afirmó en un libro que la diva jamás habría salido con un hombre casado y que en realidad era hija de un magnate de Hollywood. A treinta y cinco años de su muerte, la estrella todavía da que hablar.

Por Amanda Paltrinieri

A principios de este año, un cineasta español desató las furias de fanáticos de todo el mundo cuando hizo saber que tenía una película pornográfica protagonizada por Marilyn Monroe. A pesar del escándalo que se armó, el American Film Institute habría certificado que en esa cinta (de unos siete minutos en blanco y negro, con escenas muy livianas comparadas con el porno actual) trabajaba la estrella con su verdadero nombre: Norma Jeane Baker.

El cortometraje parece estar mucho más cerca del famoso almanaque para el que posó desnuda que la imagen descripta por su hermana Berniece Miracle hace tres años, en el libro Marilyn, my sister: que a la actriz sólo le interesaba alcanzar la perfección en su trabajo y que todo lo que se dijo de ella -en especial sobre el romance con John Fitzgerald Kennedy- eran mentiras, pues Marilyn jamás habría salido con un hombre casado.

Aunque se conocieron cuando eran adolescentes y se vieron muy pocas veces, Berniece sostuvo incluso que el verdadero padre de la diva era un poderoso empresario de Hollywood quien, aunque nunca la reconoció como hija, la visitaba con regularidad.

Ocurre que si la muerte de Marilyn -de la que pasado mañana se cumplirán treinta y cinco años- fue oscura, no lo fue menos su propia vida, particularmente sus primeros años. La estrella nunca negó sus orígenes, aunque muchas veces "adornó" sus propios recuerdos, quizá para olvidar la sordidez de su infancia ("¿Qué dirías si tu madre era loca y nunca conociste a tu padre?", consultó a un conocido ante la posibilidad de un reportaje a fondo durante los primeros tiempos de su carrera).

Pero a pesar de sus propias inseguridades, nunca escondió que había hecho muchas cosas por hambre y supo manejar su historia como para que no se volviera en su contra. Porque, si bien murió víctima de un sistema despiadado, lo cierto es que Marilyn Monroe hizo todo lo posible por ser parte de él.

Las hijas de Gladys

Cuando se conocieron, Berniece tenía veinticuatro años y Norma Jeane, dieciocho. La hermana mayor se había criado en Kentucky junto a su padre, un alcohólico. Su madre -Gladys Baker- se había mandado a mudar cuando la niña tenía dos años. A la menor, nacida en Hollywood en 1926, no le fue mejor: nunca supo quién era su padre y pasó su infancia entre orfelinatos y casas adoptivas, porque Gladys fue a parar a un instituto psiquiátrico.

Ninguna sabía de la existencia de la otra: Berniece era adolescente cuando le llegó desde el hospital una carta de Gladys, quien en uno de sus extraños momentos de lucidez le informó que tenía una hermana en la otra punta del país. Norma Jeane tenía doce años cuando le escribió por primera vez.

Durante seis años mantuvieron correspondencia, por medio de la cual pudieron compartir fragmentos de su historia, pero no llegaron a verse. Cuando finalmente se conocieron, en 1944, ya habían cumplido sin saberlo parte del "mandato" familiar: Berniece se había casado a los dieciocho años y Norma Jeane, a los dieciséis.

Las hermanas no tuvieron demasiados encuentros, aunque hubo un tiempo en que Berniece acompañó a Marilyn en sus rondas por los estudios. Ambas fueron por carriles diferentes: mientras Berniece tuvo una vida anónima, dedicada a su hija Mona y a su marido (Paris Miracle, quien murió hace unos años), Marilyn no cejó hasta convertirse en la estrella que siempre había deseado ser.

De la fábrica a los estudios

Marilyn no se habría casado por amor, sino porque entonces (1942) ella vivía con una tía que estaba muriendo y temía volver a un internado, o para escapar de los avances amorosos de su tío. Las razones de su temprana boda con Jim Dougherty, vecino suyo y obrero de una compañía aérea, varían según los distintos biógrafos de la estrella.

Ella también trabajaba como operaria cuando Jim marchó a la guerra, pero un fotógrafo la descubrió en la fábrica y le hizo unas tomas. La imagen de Norma Jeane cruzó el Atlántico y causó sensación: los integrantes de la Séptima División del cuerpo médico del ejército la eligieron como "la chica a la que más les gustaría examinar".

"Yo era consciente de cuánto atraía a los hombres -explicó años después-. Mis compañeros de la planta aérea solían piropearme y una vez el capataz me colocó detrás de una mampara para que no distrajera a los hombres."

Pronto dejó fábrica y marido. Comenzó a trabajar como modelo y a recorrer las agencias de artistas. Cambió su nombre y el color de su cabello: desde entonces sería la rubia Marilyn Monroe. A los veinte años consiguió su primer contrato -por seis meses- con la Twentieth Century Fox.

¿El cielo con las manos? No; apenas el último escalón de un sistema demoledor dirigido a frenar las exigencias de las actrices que devenían en estrellas: un pequeño ejército de jovencitas listas para reemplazar a cualquier diva que pretendía demasiado para el criterio de Darryl Zanuck, director de la Fox.

Ascender demandaba años de ínfimos bolos y apariciones promocionales y, en muchos casos, implicaba acceder a cualquier demanda del productor de turno. Aun así, la mayoría de las principiantes quedaba en el camino. Estaban para todo servicio por un sueldito de setenta y cinco dólares semanales, y rara vez les daban algun papel valioso: con contrato y todo, debían pelear y seguir recorriendo agencias para obtener algo mejor. Llegar a decir "la cena está servida" era un triunfo.

Marilyn consiguió una pequeña aparición en un filme, que fue cortada durante el montaje, y un par de líneas en la película Años peligrosos, en la que aparecía brevemente como camarera. Pero no fue suficiente: no le renovaron el contrato.

Después de varios meses sin empleo, y gracias a los oficios de un ejecutivo de la Fox (Joseph Schenck, con quien dicen que se habría relacionado), obtuvo un contrato similar en Columbia Pictures que tampoco fue renovado. Algunos dicen que el director del estudio, Harry Cohn, no le veía posibilidades como actriz; otros, que Marilyn se había negado a pasar un fin de semana con él.

Lo único que pudo conseguir por entonces fue un bocadillo en la comedia Love Happy, de los hermanos Marx (Ella entraba en la oficina de Groucho y se quejaba: "Me siguen unos hombres". "No puedo imaginar por qué", era la respuesta del cómico) y una aparición como chica del coro en Ticket to Tomahawk, protagonizada por Anne Baxter.

Aquél fue el peor período de Marilyn (el corto porno data de esta época). Según contó ella años después, varias veces había rechazado ofertas para posar desnuda, pero finalmente dio el sí. "Por la foto para el almanaque recibí esa noche cincuenta dólares -dijo-. Al día siguiente pagué el alquiler y me di el lujo de cenar tranquilamente en casa." La imagen de Marilyn desnuda dio la vuelta al mundo.

Ansias de publicidad

Había tocado fondo, pero salió de él más dispuesta que nunca a todo por figurar y subir del último escalón al siguiente, el de "estrellita". Llamó a todas las puertas posibles: agentes, publicistas, productores... "Rondaba las puertas de nuestro Departamento todo el tiempo -relató alguna vez John Campbell, antiguo publicista de la Fox-. Yo era el contacto con la prensa para las operaciones de promoción. Marilyn entraba en la oficina con su suéter ajustado y simplemente se quedaba allí. Nunca fui rudo (ella era muy amigable y eso era imposible), pero yo sólo deseaba que se fuera... Cosas de la vida: quería desembarazarme de ella y con los años ella se desembarazó de mí."

En cuanto al suéter ajustado de Marilyn, no fue ésta la única referencia: en su momento, la actriz Anne Baxter también había reparado en él cuando rodaron Ticket to Tomahawk y escribió en su autobiografía: "Marilyn Monroe venía cada noche con un miembro diferente del equipo, pero vistiendo siempre el mismo suéter: era rosa, de angora y escote en V. Se decía que lo usaba hasta para dormir. Y era evidente que no usaba corpiño..."

De la mano de sus promotores, Marilyn hizo buena letra: según el recuerdo de Campbell, "era una de esas chicas ideales para inaugurar supermercados o cosas por el estilo. La requerían mucho para eso".

Presentaciones promocionales, sesiones fotográficas: para el tipo de carrera que había elegido, esto era más importante que demostrar cualidades actorales. La revista Colliers relató tiempo después cómo Marilyn supo capitalizarlas: "Un día de marzo -decía el artículo- el departamento publicitario había organizado unas tomas en las que ella vestía una negligée color carne. Cuando terminó, mientras caminaba por las calles del estudio hacia el guardarropa, se levantó un viento fuerte. Marilyn continuó paseándose cerca del edificio de administración. ‘Fue como si hubiera vuelto el avión de Lindbergh -recordó un ejecutivo del estudio-. La gente se asomaba a las ventanas... Y allí estaba Marilyn, cándida y completamente imperturbable, sonriendo y saludando a todo el mundo: a quienes conocía, a quienes no conocía y a quienes tenía la esperanza de llegar a conocer’."

Pero sobre todo, Marilyn tenía dos soportes fundamentales: Natasha Lytess y Johnny Hyde. Lytess había sido su entrenadora dramática en Columbia y fue una de las pocas personas que adivinó sus dotes como actriz. Su devoción despertó muchos rumores que ni la propia Marilyn se preocupó por desmentir: "Fue una gran maestra -dijo años después-, pero tenía unos celos infernales de los hombres con quienes me veía. Ella creía que era mi marido."

Hyde, su agente, estaba muy enamorado de Marilyn y se movió por ella sin descanso, hasta que en 1950 le consiguió un papelito chico, pero importante, en la película Mientras la ciudad duerme, de John Huston.

Para Marilyn ése fue, realmente, el gran salto: después de haberla visto en ese filme, el director Joseph Mankiewicz le ofreció otro papelito en La malvada, con Bette Davis y Anne Baxter como protagonistas femeninas. Gracias a ese trabajo logró el ansiado ascenso a starlet: la Fox la contrató por siete años y puso a funcionar la maquinaria de la publicidad a su servicio.

Por fin Marilyn había conseguido lo que quería, y tendría mucho más. Llegaría a ser estrella; sería la mujer más codiciada del planeta y se convertiría en amante del mismísimo presidente de los Estados Unidos. Pero ese ascenso al firmamento hollywoodense trajo también un descenso a los infiernos: su permanente inseguridad, la escasa tranquilidad conseguida con alcohol y sedantes, las presiones del star-system al que había querido pertenecer a toda costa la llevaron inevitablemente a ese 5 de agosto en que algo o alguien -el azar, ella misma u otros, como nunca se dejó de sospechar (Nueva 100)- decidió el fatídico "no va más" •

© 1997

Volver