Redes y cambio en la Argentina

Redes y cambio en la Argentina

Por Amanda Paltrinieri

A las 17 eran unas cien peronas. Media hora después superaban las trescientas y cuando estaba funcionando a pleno eran más de mil (mil quinientos se escuchaba desde el parlante que uno de los organizadores había llevado). El día, 13 de enero; el lugar, Parque Centenario, casi el centro geográfico de Buenos Aires; el motivo que reunió a tanta gente fue la Primera Asamblea Interbarrial.

Mil o mil quinientas personas es mucha o poca gente, según desde dónde se lo mire. Quienes estaban allí eran delegados de veintiséis recién nacidas asambleas populares barriales surgidas a partir de los cacerolazos y personas sueltas que se habían enterado de la reunión y querían participar.

Lo que hace significativo el número es la manera en que se realizó la convocatoria: el correo electrónico, el teléfono y el boca a boca fueron los únicos medios de difusión. Ningún diario, ninguna radio, ningún canal de televisión (a excepción de unos pocos programas cuyos conductores "metieron el bocadillo" por iniciativa propia) informó –antes o después– sobre la asamblea. De más está decir que los medios tradicionales fueron uno de los blancos de insultos por parte de los presentes, porque ya habían fallado durante el último cacerolazo y sólo trasmitieron algo para mostrar cómo se destruían las vidrieras de los bancos y cómo reprimía la policía (esto fue a las dos de la madrugada de un día laborable).

Más allá de las conclusiones de la asamblea (www.elcacerolazo.org; www.argentina.indymedia.org) –se votaron tres medidas concretas y cada delegado leyó el mandato de su asamblea barrial–, lo llamativo es comprobar que gran parte del movimiento surgido en diciembre tiene todas las características de las redes. Y de redes creadas, en muchos casos, espontáneamente.

Sin Internet, la asamblea no habría sido posible. Si se busca en www.elistas.net la palabra "cacerola", se encontrarán al menos nueve listas de discusión. Al calor de las cacerolas han surgido páginas web que buscan ser un punto de encuentro. Valdrá la pena seguir su evolución porque muchas nacieron a partir de iniciativas individuales y no necesariamente de profesionales de la comunicación: esto es, ver cómo conviven entre sí, si compiten entre ellas o si se unen en una red más amplia. Al día de hoy todo es nuevo, recién comienza.

Mientras escribo esto (perdón por hablar en primera persona), 16 de enero, los diarios de hoy además de informar que en Casilda (provincia de Santa Fe, de unos treinta y cinco mil habitantes) una manifestación, con su intendente a la cabeza, desembocó en la destrucción de sus cinco bancos y de los locales de las empresas privatizadas, contaron que, en Jujuy, un cacerolazo organizado por una agrupación (Corriente Clasista y Combativa) y el obispo jujeño Pedro Olmedo también derivaron en quema de cajeros automáticos y bancos apedreados. Lo que no informaron es que hoy mismo, los seguidores del hermano del obispo (el párroco Jesús Olmedo) se organizó para crucificarse colectivamente en turnos de cinco horas por grupo (esto sólo fue anunciado por un programa de televisón). Si esta acción llega a tener alguna trascendencia, lo más probable es que sea gracias a la Red.

 

¿Qué cambia?

¿Cómo inciden estas redes -reales y virtuales- en esta crisis terminal de la Argentina? Por supuesto, lo primero es que Internet demuestra ser el único ámbito que puede escapar de la censura. Pero tal vez lo más importante sea el cambio que genera en la cabeza de sus integrantes: en las asambleas, todos los participantes hacen el esfuerzo por escuchar al otro (y es notable porque incluso verbalizan, le ponen palabras a la necesidad de hacerlo). Se ejercita la horizontalidad y la comunicación tiene verdaderamente ida y vuelta.

Una asamblea barrial lanzó una propuesta que podría parecer herética, aunque no lo es en el contexto argentino: la desafiliación masiva de los sindicatos. Se trata de una manera de adelgazar las arcas y bolsillos de dirigentes (y sus seguidores) que no son representativos de los trabajadores (por no decir que son traidores). Y otra propuso que todos los mandatos sean revocables y los delegados no puedan ser reelectos como mecanismo de defensa ante la posibilidad de negociaciones a espaldas de sus vecinos.

Pero esto tiene una segunda lectura: mientras se arman redes –de trabajadores, de vecinos, de deudores, de ahorristas, etcétera–, se atacan las estructuras tradicionales, simplemente porque muchas ya no sirven. La idea es, sencillamente, encontrar nuevas formas de organización en las que nadie sea más que el otro.

Estamos, creo, ante algo inédito: hasta ahora las redes ciudadanas, los mecanismos de democracia electrónica, telecentros y demás fueron puestas en movimiento desde arriba hacia abajo, es decir, desde gobiernos, instituciones, ONG e iniciativas privadas, con las mejores intenciones. Todo esto, por supuesto, es valiosísimo y debe ser fortalecido, pero a partir de las cacerolas estamos presenciando el alumbramiento de redes nacidas al revés, desde abajo hacia arriba. En la Argentina ya se dio en el terreno económico (www.truequeclub.com; http://enredando.com/cas/enredados/enredados227.html) y ahora comenzó a expandirse en el plano político y social.

Hoy aquí todo es incierto, y estas nuevas organizaciones no escapan a ese sino. Como son apenas recién nacidas, es imposible saber si crecerán, si se paralizarán por la propia dinámica del país o si simplemente se diluirán como ha ocurrido muchas veces en la Web. El mundo virtual y el real son uno y las TIC en la Argentina están siendo usadas por los usuarios, valga la redundancia, para un cambio concreto.

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