La polémica sobre el MP3

SUBAN EL VOLUMEN

A pesar del fallo contra Napster, el formato MP3 sigue vivo y coleando. Además de los reproductores, ya hay en el mercado componentes para conectar en los equipos de audio o en el televisor.

Por Amanda Paltrinieri
Informe Juan Carlos Diez

En estos días se reavivó la discusión acerca del MP3, el formato más usado para comprimir música. El juicio que las grandes discográficas siguen contra Napster (el sitio web que permitía compartir gratuitamente temas musicales) marca el fin de la gratuidad, pero no del MP3 en sí. Por el contrario, éste se agiganta y sale de las computadoras: ya hay reproductores que vienen con un disco duro incluido para almacenar temas y que pueden conectarse a los equipos de audio y a televisores.

El tema tiene muchas aristas: la piratería, los derechos de autor, la posibilidad de compartir y los intereses que entran en juego. Vale la pena detenerse en esta historia para entender qué fantasmas se agitan y cuál es el porvenir de los discos.

El formato apareció a fines de los ’90 y fue una revolución. Se perfeccionó cuando un adolescente, Shawnn Fanning, creó un programa que permitía a los usuarios conectarse entre sí para “bajar” temas musicales. El programa –y el sitio web, www.napster.com- era Napster, que se convirtió en el lugar más visitado de la Red.

El MP3, de calidad inferior al CD en su versión gratuita, tiene la capacidad de guardar de 10 a 11 horas de música: en un solo CD se pueden almacenar las nueve sinfonías de Beethoven o la discografía completa de Madonna. Este formato es usado como medio de difusión de nuevos grupos para llegar a millones de cibernautas con un costo mínimo y por reconocidos artistas internacionales como James Brown o David Bowie, que muestran así trabajos que no saldrán en CD. Recientemente Peter Gabriel presentó un tema que se puede escuchar sólo a través de Internet y también “bajarlo”, previo pago de un dólar, y recaudó más de cuarenta millones de dólares.

En los Estados Unidos la explosión del MP3 llegó en el año 98. En la Argentina, este nuevo sistema se utiliza desde mediados de 1999. Muchos sitios –más allá de Napster- tienen su sección para bajar temas en MP3. Además, artistas locales como Pedro Aznar ya han grabado sus nuevas producciones en ese formato.

La comunidad musical

Napster funciona como un grupo de amigos que se presta un libro o un disco. En este caso, los amigos se cuentan por millones y el nivel de préstamos no tiene límite. El mecanismo es sencillo: una vez bajado el programa (que relaciona entre sí a las computadoras que también tienen Napster), se lo abre mientras se está conectado en internet y se busca el tema o el autor que se quiere bajar. Tan libre es, que si –por poner nombres- Juan está copiando un tema que tiene Pedro, si Pedro justo se desconecta de internet en medio de la mitad de la grabación, Juan deberá buscar a alguna otra persona que tenga ese tema y comenzar a grabar desde cero.

A nadie se le ocurriría hacer juicio por préstamos de libros o discos porque ésa es una cuestión privada. La corte de San Francisco, en cambio, considera que se trata de una actividad comercial. El juicio continúa, y aunque Napster lleva las de perder todavía puede haber alguna sorpresa. Al cierre de esta edición, todavía pueden compartirse temas musicales.

A favor y en contra

Los interpretes y autores no cobran un solo peso cada vez que una canción es bajada de Internet y hasta el momento no existe una legislación que los proteja del tránsito indiscriminado de música en la red. Rodolfo García, baterista de Almendra y Aquelarre, grupos fundacionales del rock argentino, piensa que “la clave está en el respeto por todos los factores que están involucrados. No se puede dejar de lado algo que alguien creó. Internet es un medio y nada más y una cosa es cuando lo maneja el propio artista y otra es cuando cualquiera baja de la red e intercambia algo que no es suyo”. El músico es terminante: “No tengo dudas de que si esto prospera, como viene ocurriendo, el robo de obras por la red va a terminar afectando a todo el mundo”.

Otros artistas (Madonna y Bono, entre ellos) opinan, por el contrario, que Internet y MP3 favorecen las ventas en tanto permiten a los usuarios conocer nuevos temas: si éstos les gustan, comprarán los CD correspondientes.

Pero los que pusieron el grito en el cielo fueron las grandes discográficas, que entablaron juicio a Napster por favorecer la piratería y vulnerar los derechos de autor. No todas, claro: la poderosa BMG, del grupo alemán Bertlesmann, decidió asociarse a Napster, que probablemente se convierta en un servicio de suscripción (según algunos sondeos, el 70 por ciento de los usuarios estaría dispuesto a pagar hasta 15 sólares mensuales).

Lo que no termina de entenderse es por qué las empresas apuntaron contra Napster con tanta saña (aunque de las cinco discográficas originales, dos se bajaron del pleito), cuando el problema no está tanto en el intercambio que hacen los usuarios sino en la piratería industrializada.

Una de piratas

Para Diego Zapico, director del sello Aqua Records, “la piratería, que sólo afecta a las multinacionales, y la recesión son los verdaderos problemas, porque en la Argentina no se nota masivamente la llegada del MP3. En cuanto a Internet, creo que puede ayudar a la venta y distribución de los CD, en especial en el interior. Con la red se puede centralizar y tener un trato muy directo con el cliente aunque este todavía desconfíe de esta forma de compra”.

Según Zapico, los sellos independientes como Aqua Records, están protegidos del nuevo MP3 “porque la porción del mercado que nos toca le da mucha importancia a cosas como el arte de los discos. El MP3 puede golpear a productos muy masivos, no a nosotros. Hay una saturación de la oferta y los independientes somos como anticuerpos”.

Gustavo Margulis, director de Epsa Music, agrega: “El avance de lo digital no es preocupante porque el CD sigue siendo un objeto deseable y es muy difícil acabar con esa costumbre. Aparte, entrar en Internet requiere un tiempo de búsqueda”.

“En el año 1998 se importaron cinco millones de discos compactos vírgenes –enumera Gabriel Salcedo, director de la Asociación para la Protección de los Derechos Intelectuales sobre Fonogramas y Videogramas-. Un año después entraron 22 millones de discos. En el 2000 entraron otros 22, es decir que llegaremos a fin de año a cuarenta. Y la industria discográfica, en el 99, vendió 16 millones de discos. ¿La gente usa 22 millones de discos para trabajar? Seguro que no.”

Salcedo participa de la demonización contra el MP3. “Las compañias –explica- no quieren que artistas como Los Nocheros o Shakira estén en la red aunque paguen porque el negocio de las compañías es, justamente, vender; no dar licencia para que otro lo haga.”

Derechos y dividendos

Ésa puede ser una de las claves que explican el juicio contra Napster. Los derechos de un autor están fuera de discusión (que se pagarían si Napster cobrara una suscripción). Pero ¿qué pasaría si el grueso de los músicos hicieran como Peter Gabriel? El autor cobraría sus derechos: los que perderían son los intermediarios.

BMG lo comprendió y por eso eligió asociarse a Napster. Por lo visto, el grupo Bertlesmann prefirió ceder una porción de la torta, pero no quedar afuera de las nuevas formas que adquiere la economía digital. El formato MP3 está instalado, e incluso hay otros formatos de compresión que compiten con él (viene pisando fuerte el MPEG, que comprime audio y video): si no es MP3, en el futuro funcionará algún otro.

También lo comprendieron los fabricantes de equipos de audio: en los Estados Unidos ya salió a la venta un “tocadiscos” (Audio ReQuest) con disco duro incorporado que puede conectarse con el equipo musical o con la videocasetera y reproducir tanto CD comunes como en MP3. El modelo de 20 gigabytes almacena más de 300 horas de música, equivalentes a unas 7.000 canciones en MP3. Por ahora son muy caros (el más barato cuesta unos 800 dólares más los gastos de envío), pero sólo es cuestión de tiempo. Empresas importantes como Compaq y RCA ya se apuntaron y sacarán sus modelos hacia mediados o fines de este año.

A esta altura, nadie recuerda que las discográficas hayan hecho juicio a los fabricantes de equipos con dobles caseteras. ¿Protestarán cuando los nuevos aparatos se generalicen?

Recuadro 1

Del vinilo al CD

Ni el propio Enrico Caruso lo hubiera sospechado, pero el 18 de marzo de 1902 cuando registraba por primera vez y en forma satisfactoria su voz, nacía la industria fonográfica, una de las más poderosas del siglo. Así culminaban cincuenta años de experimentos sonoros hasta llegar al disco, que se imponía definitivamente como vehículo transmisor de la “música seria”. En 1907 ya era de consumo masivo, y la compañía discográfica alemana Deutsche Grammophone imprimía 6.200.000 placas en sólo un año. Cuando los discos de pasta pasaron a ser de vinilo y medir 28 centímetros de diámetro, la producción industrial alcanzó límites insospechados. Uno de los picos de mayor consumo ocurrió en los años ochenta cuando -sólo en los Estados Unidos– se vendieron 120 millones de placas en un año. Los casettes lograron desplazarlo, pero eso no fue problema para la industria discográfica.

El auge del vinilo llegó a su fin en 1983, cuando apareció el CD, primer formato digital de uso masivo con excelente calidad y casi 75 minutos de música en un disco de 5 pulgadas.

Hoy, el disco de vinilo es casi un objeto arqueológico y de culto para coleccionistas, que también recuerdan el viejo arte de las tapas de cartón de 30 x 30 centímetros, hoy tristemente reducidas a cajitas. En varias oportunidades quisieron reemplazar al CD con otros formatos como el DAT (Digital Audio Tape), el DCC (Digital Compact Cassette) y el Mini-Disc. Pero, aunque todos son de menor tamaño que el CD, tienen mayor cantidad de minutos de música y dan la posibilidad de grabar en ellos, ninguno logró un alcance masivo.

Recuadro 2

Manual de instrucciones

Los archivos WAV (de audio) son muy pesados. MP3 es un formato que permite comprimirlos. Hay varios programas que interactúan entre archivos WAV y MP3, según qué quiera hacerse: simplemente reproducir temas en MP3, convertir archivos WAV en MP3 o convertir MP3 en WAV (para quienes tienen grabadora de CD).

Los más conocidos, aparte de Napster, son Winamp y MusicMatch Jukebox, que cumplen varias de esas funciones. Para convertir MP3 en WAV también están Mp3 CD Maker y Mp32wav. Para transformar WAV en MP3 puede elegirse, además, Mp3 Compresor, Easy CD extract, Audiograbber, Cool Edit y Audiocatalyst, entre otros.

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